INSTITUTO
TECNOLÓGICO DE CD. ALTAMIRANO
Ensayo de la unidad III
“Hongos fitopatogenos”
LIC. EN BIOLOGIA
Semestre:
III Semestre
Profesor:
M.C. Jazmín Cortes Sarabia
Materia:
Micologia
ALUMNO:
Edgar Gerardo García
Juanchi
Cd. Altamirano, Gro. Noviembre
del 2012.
|
SUBSECRETARIA DE EDUCACION SUPERIOR
DIRECCION GENERAL
DE EDUCACION SUPERIOR
TECNOLOGICA
|
Introducción:
En México, el conocimiento que se tiene de los hongos patógenos de la raíz
es principalmente sobre su biología, daños que causan en plantas de importancia
agronómica y formas de control, principalmente biológicas. El mayor número de
trabajos de investigación se ha realizado sobre los géneros Phytophthora,
Fusarium, Rhizoctonia, Pythium y Phymatotrichum, debido al amplio
rango de plantas hospedantes que atacan, a su distribución cosmopolita y a los
elevados daños económicos que provocan en cultivos de importancia económica.
Actualmente se carece de un conocimiento pleno y comprensivo del comportamiento
dinámico de las enfermedades ocasionadas por estos patógenos de la raíz y de
los componentes involucrados: el patógeno, el hospedante y el ambiente. Las
futuras investigaciones en México sobre los hongos que atacan las raíces,
deberán presentar una mayor integración y comprensión ecológica y
epidemiológica que establezca con bases sólidas el manejo racional y
sustentable de las enfermedades en los agroecosistemas. Se requiere también que
las investigaciones tengan consistencia y seguimiento en el tiempo y el
espacio, lo que permitiría tener el registro de datos históricos del comportamiento
de las enfermedades causadas por los hongos fitopatógenos de la raíz de mayor
importancia en la agricultura mexicana, con las posibilidades de predecir y
evitar futuras epidemias y daños. El manejo sustentable del suelo deberá
considerar también la regulación y normatividad del uso del suelo en los
agroecosistemas del país.
Palabras Clave: epidemias de plantas, ecología, epidemiología, agroecosistemas,
manejo sustentable.
DESARROLLO:
A nivel mundial los hongos fitopatógenos originan pérdidas que
ascienden a miles de millones de dólares al año (National Academy of Sciences
1980). El daño que ocasionan no sólo se refiere a las pérdidas de producción
económica, sino también a las pérdidas en la producción biológica, es decir a
la alteración que existe en el crecimiento y desarrollo de las plantas hospedantes
atacadas por estos microorganismos. En cuanto a las pérdidas económicas, éstas
pueden ser de tipo cuantitativo y/o cualitativo (sabor, textura, color y forma)
(Ashworth et al. 1981, Agrios 1988). De los diversos microorganismos
fitopatógenos que atacan a las plantas, como pueden ser los virus, hongos,
bacterias, nemátodos, fitoplasmas, y viroides, son los hongos el grupo que más
enfermedades ocasiona y por lo tanto sobre el que más investigación se ha
realizado. Se sabe que más de 8,000 especies de hongos pueden causar
enfermedades en las plantas. Todas las plantas superiores pueden ser infectadas
y dañadas por más de una especie de hongo fitopatógeno, y una especie de hongo
fitopatógeno puede atacar a más de una especie de planta (National Academy of
Sciences 1980, Agrios 1988).
Los hongos fitopatógenos con origen en el suelo los encontramos
ocasionando daño en todos los suelos de los ecosistemas y
agroecosistemas del mundo. Algunos géneros y especies presentan una gran
capacidad de adaptación y se encuentran ampliamente distribuídos, mientras que
otros presentan características de adaptación más limitadas o bien son
sumamente especializados, lo cual restringe su distribución (Cook & Baker
1983). Esta capacidad adaptativa de los hongos fitopatógenos va a depender en
gran medida del grado de relación que han desarrollado con sus plantas hospedantes,
es decir, si son parásitos obligados, parásitos facultativos, o saprófitos
facultativos. La cantidad de estudios e investigaciones en algunos grupos
depende en gran parte de la importancia económica de los cultivos o plantas que
dañan.
La importancia de los hongos fitopatógenos del suelo que atacan la raíz,
no se limita sólo al daño que ocasionan en las plantas hospedantes, sino también
debe considerarse el papel que juegan dentro de las cadenas tróficas
y en las diversas relaciones que establecen con otros microorganismos
del suelo (Agrios 1988, Lumsden 1981). Pocos son los trabajos que se han realizado
bajo un enfoque ecológico, sobre la relación fitopatógenos-plantas hospedantes
tanto en los sistemas naturales como en los agroecosistemas
(Harper 1990, Alexander 1990, Augspurger 1990, Dinoor & Eshed 1990),
a
nivel de poblaciones o de comunidades, y que analicen los cambios en su dinámica
temporal y espacial debido a las diferentes actividades de perturbación y
manejo de los sistemas (Christensen 1981).
En esta revisión se presenta una síntesis actualizada de los hongos
fitopatógenos de la raíz (HOFIR) que más frecuentemente encontramos en
los suelos de México, su importancia biológica, ecológica y económica, el tipo
de estudios que se han realizado en el país y los métodos que se han empleado para
su control y/o manejo. Al final se discuten las necesidades y perspectivas futuras
para lograr un manejo sustentable del suelo de los agroecosistemas.
Estudios realizados con hongos fitopatógenos de la raíz
La mayor parte de los estudios que sobre los hongos fitopatógenos del suelo
se han realizado en el mundo y en México son principalmente sobre su biología
(ciclo de vida, tipo de reproducción, sobrevivencia, rango de plantas hospedantes,
factores ambientales), la sintomatología y daños que ocasionan (pérdidas en la
producción comercial), formas de control y, en algunos casos, su distribución
geográfica.
El enfoque reduccionista que ha prevalecido en el estudio agronómico de
los fitopatógenos y los pocos trabajos que existen sobre su comportamiento en
los sistemas naturales, (en donde generalmente no causan un daño severo sobre
sus hospedantes silvestres) ha encaminado el desarrollo de la Fitopatología
hacia el estudio del patógeno y a su control. Este último tipo de estudios, sin
embargo, generalmente carecen de un conocimiento pleno y comprensivo del
comportamiento dinámico de las enfermedades ocasionadas por los hongos
fitopatógenos y de los componentes involucrados en la expresión de las enfermedades.
Es hasta después de 1963 con los trabajos de Vander Plank (1960 1963) y con el
desarrollo de la Epidemiología Botánica principalmente de 1970 a 1990 (Zadoks
& Schein 1979, Campbell & Madden
1990) que se inicia el estudio integrado de las enfermedades ocasionadas
por microorganismos fitopatógenos, considerándose en el análisis el modelo del “Triángulo
de la Enfermedad”: 1) la planta hospedante, 2) el organismo patógeno, y 3) el
ambiente (Zadoks & Schein 1979, 1980).
En México, ha sido hasta 1980 cuando se inician los estudios integrados y
dinámicos de los organismos fitopatógenos en respuesta al interés y desarrollo
de la Epidemiología Agrícola (Frías & García 1981, Rodríguez 1981).
Si bien a partir de 1986 empiezan a aplicarse en forma más generalizada modelos
cuantitativos en el estudio temporal y espacial de los organismos fitopatógenos
(Rodríguez 1999), incluyendo a los HOFIR, la mayoría de estos trabajos requiere
aún de una integración y comprensión biológica y ecológica que permita
establecer sobre bases sólidas el manejo sustentable de las enfermedades en
plantas de interés agrícola. Por otra parte, se carece de datos históricos de
las enfermedades o epidemias causadas por los fitopatógenos y los HOFIR de
mayor importancia en la agricultura mexicana.
Estudios realizados con hongos fitopatógenos de la raíz
La mayor parte de los estudios que sobre los hongos fitopatógenos del suelo
se han realizado en el mundo y en México son principalmente sobre su biología
(ciclo de vida, tipo de reproducción, sobrevivencia, rango de plantas hospedantes,
factores ambientales), la sintomatología y daños que ocasionan (pérdidas en la
producción comercial), formas de control y en algunos casos, su distribución
geográfica.
El enfoque reduccionista que ha prevalecido en el estudio agronómico de
los fitopatógenos y los pocos trabajos que existen sobre su comportamiento en
los sistemas naturales (en donde generalmente no causan un daño severo sobre
sus hospedantes silvestres) ha encaminado el desarrollo de la Fitopatología hacia
el estudio del patógeno y a su control. Este último tipo de estudios, sin
embargo, generalmente carecen de un conocimiento pleno y comprensivo del
comportamiento dinámico de las enfermedades ocasionadas por los hongos
fitopatógenos y de los componentes involucrados en la expresión de las
enfermedades.
En México, ha sido hasta 1980 cuando se inician los estudios integrados y
dinámicos de los organismos fitopatógenos en respuesta al interés y desarrollo
de la Epidemiología Agrícola (Frías & García 1981, Rodríguez 1981).
Si bien a partir de 1986 empiezan a aplicarse en forma más generalizada modelos
cuantitativos en el estudio temporal y espacial de los organismos fitopatógenos
(Rodríguez 1999), incluyendo a los HOFIR, la mayoría de estos trabajos requiere
aún de una integración y comprensión biológica y ecológica que permita
establecer sobre bases sólidas el manejo sustentable de las enfermedades en
plantas de interés agrícola. Por otra parte, se carece de datos históricos de
las enfermedades o epidemias causadas por los
fitopatógenos y los HOFIR de mayor importancia en la agricultura
mexicana.
En el aspecto de control químico, se han llevado a cabo investigaciones sobre
la aplicación y efecto que pueden tener diferentes fungicidas en el desarrollo
de los HOFIR o bien en la infección que ocasionan en las plantas (Sandoval et
al. 1987, Lozano & Ponce 1988, Díaz 1989, Vega & Herrera 1989, Juárez
1989 Pérez et al. 1990, Ramírez 1991, Mendoza et al. 1992,
Hernández et al. 1998). De los diferentes estudios realizados sobre los
HOFIR en México, una tercera parte han sido enfocados hacia el control
biológico a través de la manipulación de los agroecosistemas, partiendo de la
detección y estudio de los llamados suelos supresivos (Frías & García 1981,
Lumsden et al. 1981, 1987, Rodríguez & García 1983, Zuckerman et
al. 1989). Un suelo supresivo se define como aquél en el cual el desarrollo
de la enfermedad es suprimido aun cuando el patógeno sea introducido en presencia
de un hospedante susceptible (Baker & Cook 1974). El concepto de suelo supresivo
incluye procesos como fungistasis, habilidad saprofítica competitiva, y otras
interacciones del patógeno y la enfermedad (Huber & Schneider 1982). Una
característica común de los suelos supresivos parece ser el alto contenido de
materia orgánica y la elevada actividad microbiana de los mismos, condiciones
que favorecen el establecimiento de diferentes y frecuentes relaciones entre
los microorganismos del suelo (bacterias, nematodos, actinomycetes,
protozoarios, hongos saprófitos o hiperparásitos) con los hongos fitopatógenos.
De tal forma que un factor importante a considerar en el manejo de los suelos
agrícolas es el enriquecimiento de estos suelos a través de la incorporación de
materia orgánica, y en consecuencia favorecer el incremento de la presencia y actividad
de organismos antagónicos a los diversos hongos fitopatógenos de mayor
importancia, o bien incorporando directamente poblaciones del inóculo de
organismos antagónicos como son Trichoderma, Gliocadium,
Pseudomonas, Bacillus, Sporidesmium, etc.
A nivel mundial, la mayor cantidad de trabajos de investigación se han realizado
sobre Phytophthora infestans, P. cinnamomi, Pythium spp.,
Rhizoctonia solani y Fusarium spp. P. cinnamomi, que ataca
a más de 900 hospedantes, es el hongo fitopatógeno del suelo más estudiado
(Zentmyer 1980, Erwin et al. 1983). Esta especie es seguida en
importancia por P. infestans, el patógeno que ocasiona el "tizon
tardío" de la papa y cuyos efectos devastadores en Irlanda y el norte de
Europa durante 1845-1846 provocaron hambrunas que diezmaron las poblaciones y ocasionaron
grandes movimientos migratorios hacia América del Norte (Bourke 1964, Campbell
& Madden 1990). Por lo que respecta a México, es también sobre los cuatro
géneros anteriores en donde encontramos el mayor número de trabajos.
Sin embargo es sobre la enfermedad del aguacate conocida como
"tristeza del aguacate", ocasionada por P. cinnamomi, en donde
se han llevado a cabo estudios por 15 años (1981-1995) bajo un enfoque
epidemiológico e integrado. Estos estudios han sido realizados por el grupo de
investigación interdisciplinario e
insterinstitucional del aguacate (GIA), con resultados positivos en el
manejo integrado de esta enfermedad (Téliz et al. 1989, Mora et al. 1994,
Téliz 2000).
Actualmente en el cultivo de mango se están realizando también estudios epidemiológicos
integrados sobre el manejo de la enfermedad conocida como "escoba de
bruja", ocasionada por un complejo de hongos entre los que se encuentran
involucrados Fusarium subglutinans y F. oxysporum (Téliz 1998).
Importancia de los hongos fitopatógenos de la raíz en los procesos del suelo.
En el suelo se presentan diversas interacciones entre los microorganismos
del suelo, las cuales influyen sobre el comportamiento y la sobrevivencia de
las especies (Lumsden 1981, Lumsden et al. 1987). El equilibrio
microbiológico de un suelo se establece como resultado de diversos procesos que
involucran una serie de interacciones tanto mutualistas como antagónicas
(Griffin 1972, Lumsden 1981, Lumsden et al. 1987).
El papel de los hongos que infectan las raíces de las plantas no se relaciona
solamente con el ataque y la descomposición de la materia orgánica, sino
también con el establecimiento de complejas relaciones con la fauna y la flora
del suelo, las cuales pueden ser competencia, mutualismo, depredación y parasitismo
(Garret 1981, Parisi 1979, Griffin 1972). Con respecto a la relación que
establecen los hongos fitopatógenos con las raíces de las plantas, una característica
es que invaden y se alimentan sobre tejidos vegetales vivos, por lo cual es muy
importante que puedan rebasar todos los mecanismos de resistencia de las
plantas. Estos hongos pueden ser parásitos especializados y parásitos no
especializados. En el último caso su parasitismo está limitado por la
resistencia a la invasión de los tejidos maduros del hospedante. De este modo
la infección se limita a las plántulas y a los tejidos juveniles de las plantas
adultas (ápices radicales), o bien a los tejidos más viejos de plantas predispuestas
a la infección por algunas condiciones adversas del ambiente como pudiera ser
una toxina o alguna deficiencia nutrimental (como es el caso de los géneros Pythium,
Rhizoctonia y Phytophthora, Garret 1981). Por otra parte los
hongos fitopatógenos de la raíz especializados pueden ser patógenos que invaden
y provocan pudriciones en el sistema vascular como son los géneros Verticillium
y Fusarium, o bien pueden ser parásitos ectotróficos los cuales han
desarrollado hábitos de infección tales que la resistencia del hospedante a la
invasión se rebasa continuamente, como es el caso de los géneros Armillaria y
Fomes (Garret, 1981).
La invasión de los tejidos vegetales vivos ocurre en forma muy similar a
la colonización del tejido vegetal muerto; es decir se presenta todo un despliegue
de enzimas degradantes de tejidos y algunas veces también de fitotoxinas. Bajo
esta perspectiva, estos hongos del suelo muestran un alto grado de habilidad
competitiva saprofítica (Garret, 1981). Rhizoctonia solani y Pythium spp.
por ejemplo muestran una alta actividad celulolítica, y son los colonizadores
más frecuentes de los tejidos verdes vivos de malezas o cultivos incorporados
al suelo.
En el suelo como en cualquier
otro ecosistema, la estructura y función de las comunidades de hongos
(incluyendo a los hongos fitopatógenos) presentan una sucesión de especies.
Garret (1981), señala que en la primera etapa de colonización de un
tejido senescente participan parásitos débiles, seguidos por hongos
saprofíticos primarios que se alimentan de azúcares y compuestos de carbón más
sencillos que la celulosa; posteriormente, entran los descomponedores de
celulosa y los hongos saprofíticos secundarios que comparten productos de la
descomposición de la celulosa; en una etapa final de esta sucesión, participan
hongos descomponedores de la celulosa y de la lignina. Sin embargo, en este
proceso de colonización debe mencionarse que la colonización de un tejido
vegetal joven y sano es ligeramente diferente, ya que solamente un parásito
fuerte puede atacar o infectar estos tejidos.
En el caso específico de los HOFIR que requieren de tejido vivo para alimentarse
y reproducirse, y en donde el sistema radical de una planta puede ser infectado
por más de una especie de hongo al mismo tiempo, es difícil hablar de una
sucesión (en sentido estricto) en la misma planta hospedante. La formación de
exudados radicales (ricos en azúcares y aminoácidos) y la influencia que tienen
estos en la actividad microbiana de la rizósfera, incluyendo la atracción que
ejercen en estructuras de infección de algunos hongos fitopatógenos (como las
zoosporas de Phytophthora cinnamomi, Zentmyer 1960, 1961) influyen en la
presencia, infección y sucesión de los hongos patógenos que pueden ser atraídos
o no hacia la raíz, sobre todo porque estos exudados probablemente cambian con
la edad y condición de la planta,(Turner 1963, Zentmyer 1966, Dix 1964, citado
por Lussenhop 1981); en México, sin embargo no se tienen referencias de
trabajos de investigación que se hayan realizado para documentar esta posible
sucesión. De acuerdo a Griffin (1972) y Lumsden (1981) los procesos antagónicos
que ocurren en el suelo traen como consecuencia un amortiguamiento del
parasitismo en el suelo e influyen grandemente en la actividad, longevidad, y
tasa de sobrevivencia del micelio y los propágulos fungales. Un ejemplo de
estos procesos es la posible "exclusión" de un hongo patógeno de las
raíces debido a que otro ya se encuentra presente, confiriendo éste último
cierta protección al hospedante (Fravel y Engelkes, 1994); este fenómeno se ha
documentado en el caso de diferentes especies de Phytophthora. En el frijol
soya se ha mostrado esta protección utilizando razas patogénicas y no
patogénicas de P. megasperma var. sojae, o bien, utilizando a una
especie no patogénica de P. cactorum para lograr una protección contra P.
megasperma. Malajczuk (1983) indica la posibilidad de que exista una
"protección cruzada" en contra de Phytophthora cinnamomi a
través de razas avirulentas o menos virulentas de hongos relacionados. En
árboles de aguacate (Persea americana Mill) afectados por P. cinnamomi
en Atlixco, Puebla, por ejemplo, se aislaron en mayor cantidad y con mayor
frecuencia diferentes especies de Pythium, tanto de raíces aparentemente
sanas como dañadas (Rodríguez 1986).
Patrones de abundancia, biomasa, distribución espacial y temporal en México.
Debido a que los hongos del suelo existen en diversos estados: hifas, esporas,
esporangios, conidios, estructuras de resistencia o de reproducción i.e., oosporas,
el concepto de densidad tiene poca aplicación y es más lógico expresar la
población fúngica en términos de biomasa. Sin embargo, determinar la cantidad
de hongos del suelo es una tarea sumamente difícil debido a que las
estimaciones que se realizan de números y biomasa mediante diferentes técnicas,
varían grandemente (Parisi 1979, Cox & Atkins 1979).
Para evaluar la abundancia de una especie se puede utilizar, además de la
longitud del micelio, estructuras como las oosporas o los esclerocios que aún cuando
son estructuras de resistencia o sobrevivencia, tienen el potencial de entrar
en actividad bajo las condiciones adecuadas e infectar las raíces de las plantas
hospedantes. Los métodos usados han sido directos (como la evaluación de la
densidad de inóculo en número de propágulos por peso o volumen de suelo,
Campbell & Madden 1990, Benson 1994) e indirectos (como es la evaluación de
la incidencia o severidad del daño que ocasionan los patógenos sobre las raíces
de las plantas hospedantes, Kranz 1988a, Campbell & Neher 1994). En México
se han realizado evaluaciones en diferentes agroecosistemas de la región de
Atlixco, Puebla, de la incidencia y densidad de inóculo de Phytophthora
cinnamomi y diferentes especies de Pythium en las raíces de aguacate
y en el suelo de rizósfera, respectivamente (Franco 1983, Valenzuela et al. 1985,
Rodríguez 1986, Juárez 1986, Mora 1990). Los resultados de estos trabajos mostraron
que la producción total de raíces y la de raíces sanas en el aguacate, fue
mayor en los agroecosistemas con mayor diversidad de plantas cultivadas que en
los agroecosistemas con un solo cultivo, a pesar de que la densidad de inóculo
de los patógenos en el suelo y su incidencia en raíces fuera más elevada que en
los sistemas de monocultivo. La metodología usada en esos estudios se sigue
actualmente
para evaluar la presencia y abundancia de otros patógenos del suelo como
Fusarium, Rhizoctonia, Phymatotrichum, Macrophomina, Sclerotium,
etc
Relaciones funcionales de importancia ecológica y epidemiológica de los hongos
fitopatógenos de la raíz.
Para desarrollar este punto, se han considerado las relaciones funcionales
que se establecen en el tiempo y el espacio entre los hongos fitopatógenos y
sus plantas hospedantes. En Epidemiologìa Agrícola existen dos funciones muy
importantes, la llamada Curva de Crecimiento de la Enfermedad (Vanderplank
1963, Gilligan 1985, Campbell & Madden 1990, Gilligan 1994) y la Curva de
Daño (Tammes 1961, Fenemore 1982, Pedigo etal. 1986). En la Curva de
Crecimiento de la enfermedad, se evalúa la presencia del patógeno a través del
número de plantas que infecta en una población (incidencia) o a través del
grado de daño que ocasiona en los tejidos de una planta o de una población de
plantas (severidad) con respecto al tiempo. Estas curvas son analizadas
cuantitativamente mediante modelos sigmoidales, el cálculo del área bajo la
curva, el análisis estadístico de la varianza para un diseño experimental de
medidas repetidas en el tiempo, o bien utilizando modelos no lineales (Madden
1980, Campbell & Madden 1990, Guilligan 1994). En México, se han realizado
más de 30 trabajos de análisis temporal con diversos organismos fitopatógenos.
Específicamente con hongos fitopatógenos suelo se ha trabajado principalmente
con P. cinnamomi en aguacate, en la región de Atlixco, Puebla, (Rosas et
al. 1986, Rodríguez 1986, Mora 1990); con Phymatotrichum omnivorum en
vid, en Sonora (Ramírez 1990); con Sclerotium cepivorum en ajo, en
Aguascalientes (López & Valle 1991); con Rhizoctonia solani, Fusarium
spp., Verticillium albo-atrum y Sclerotinia sclerotiorum en
papa, en Coahuila y Nuevo León (Guigón et al. 1995); con Fusarium
oxysporum y F. subglutinans en mango, en Guerrero y Michoacán (Noriega 1996,
Mora et al. 1998). Sin embargo, la mayoría de estos trabajos, con excepción
de los realizados con P. cinnamomi en aguacate, se han llevado a cabo de
forma aislada, sin integrarse dentro de algún contexto de manejo del agroecosistema.
Los trabajos realizados con P. cinnamomi en aguacate, han tenido un seguimiento
(15 años de estudio) y están incluídos dentro de un programa integral de manejo
fitosanitario de los agroecosistemas del aguacate; estos estudios han generado
en la región de Atlixco, Puebla, propuestas de manejo del cultivo a los
productores de aguacate, con resultados positivos (Mora et al. 1994,
Téliz 2000).
La otra respuesta funcional que se puede documentar en Epidemiología es
la Curva de Daño. Esta función se establece entre el nivel de producción de la
planta hospedante con el grado de daño (incidencia y/o severidad) provocado por
cualquier agente dañino (insectos, patógenos, parásitos, agentes físicos, etc.)
(Tammes 1961, Fennemore 1982, Pedigo et al. 1986). Su importancia radica
en que permite tener fundamentos para reducir las pérdidas de producción para
un lugar o región específicos a un nivel aceptable bajo limitantes biológicas,
económicas y físicas reales (Teng 1987, Campbell & Madden 1990). A nivel
mundial existen pocos estudios en donde se haya desarrollado e implementado la
Curva de Daño para la evaluación de pérdidas en la producción ocasionadas por
HOFIR (Huissman 1979, Ashworth et al.1981). Esta relación permite lograr
un manejo racional de las enfermedades en los agroecosistemas al establecer
umbrales de importancia ecológica y económica (Bardner & Fletcher 1974,
Walker 1983, 1987, Pedigo et al. 1986) y predecir la producción a
diferentes niveles de infección (Zadoks & Schein 1979,
Rodríguez 1997). En México, con hongos fitopatógenos del suelo no han desarrollado
aún investigaciones en esta línea.
Manipulación del agroecosistema en el estudio y control del daño.
Los estudios que se han realizado sobre el comportamiento de los
HOFIR en agroecosistemas, han mostrado que existe variación en las densidades
del inóculo y en la incidencia y grado de daño que ocasionan sobre las raíces
de las plantas hospedantes. Dicha variación puede deberse a factores de
carácter biológico y/o fisicoquímico del suelo y a la presencia de suelos
supresivos. El estudio de los suelos supresivos ha |sido una de las bases para
el control biológico de las enfermedades ocasionadas por los fitopatógenos del
suelo, ya sea de forma directa introduciendo organismos antagónicos a un suelo,
o bien en forma indirecta mediante la manipulación del
agroecosistema, como es la aplicación de materia orgánica, rotación de cultivos,
asociación de cultivos, solarización, etc. (Baker & Cook 1974,
Papavizas & Lumsden 1980, Cook & Baker 1983, Thurston 1992). En México, el sistema de cultivos conocido como "chinampas",
del cual sólo quedan aproximadamente 1,000 ha en la zona de Xochimilco, D.F.,
representa quizá al sistema agrícola de mayor antigüedad y altamente productivo
(Gómez-Pompa
1978), que permite aún el cultivo continuo debido al manejo que se
realiza del agua, a la siembra de cultivos múltiples, a los altos niveles de
materia orgánica
y nutrimentos que se le incorporan periódicamente al sistema, y al
trasplante de plántulas sanas y seleccionadas (chapines) con sistemas radicales
fuertes.
Perspectivas y necesidades en el estudio de los hongos fitopatógenos del
suelo.
Es necesario y urgente que en México el manejo del suelo se lleve a cabo
de una manera integrada y sustentable. Para lograrlo no basta manejar solo uno
de los componentes que intervienen en el desarrollo de una enfermedad o plaga,
sino que deben manejarse integralmente como partes de un sistema a los
patógenos, a las plantas hospedantes (cultivos) y al ambiente.
También es necesario efectuar estudios sobre las diferentes
interacciones que los HOFIR establecen con otros hongos y microorganismos del
suelo, así como implementarse estudios que definan: i) la estructura y función
de las comunidades de los hongos fitopatógenos de la raíz y ii) la diversidad
de estos organismos en agroecosistemas y ecosistemas naturales de diferentes regiones
y condiciones climatológicas de la República Mexicana.
El estudio de los HOFIR, bajo un enfoque ecológico-epidemiológico, permitirá
obtener valiosa información para proponer estrategias de manejo integrado y
sustentable de los sistemas agrícolas. Dada la necesidad de manejar el recurso
suelo de los agroecosistemas y ecosistemas integralmente, se propone que las
líneas de investigación a desarrollar consideren los tres componentes del
“patosistema”: el ambiente suelo, el hospedante y el patógeno.
1) Análisis, conocimiento y manejo del suelo (ambiente), con el propósito de comprender como se logra la recuperación y
enriquecimiento de la materia orgánica de los suelos agrícolas, favoreciendo el
incremento de la diversidad de los microorganismos del suelo y estimulando la
actividad de organismos antagónicos a los hongos fitopatógenos. Un aspecto muy
importante para lograr el manejo sustentable del suelo, será implementar la
regulación y normatividad del uso del suelo agrícola, lo cual implicaría
establecer normas para un uso equilibrado que permita el descanso y
recuperación del suelo. La regulación del uso del suelo obligaría a la
planificación y organización de los sistemas de cultivo del país.
2) Análisis, conocimiento y manejo del (os) hospedante (s): plantas de importancia
agrícola o ecológica.
Este componente deberá incluir estudios precisos sobre el crecimiento y
desarrollo de las plantas hospedantes, su susceptibilidad o resistencia a los
hongos patógenos de la raíz, así como sobre el efecto que las diferentes
técnicas de cultivo que se practican en sistemas tradicionales, modernos,
monocultivo, policultivos, etc., tienen sobre los HOFIR y sus hospedantes.
3) Análisis, conocimiento y manejo del(os) patógeno(s): hongos fitopatógenos
de la raíz.
El análisis de este componente deberá incluir la búsqueda de
alternativas en el manejo del patógeno que permitan disminuir: i) el desarrollo
de cepas altamente virulentas y agresivas, ii) la densidad y número de fuentes
del inóculo, y iii) el potencial de inóculo de los hongos fitopatógenos de la
raíz.
4) Desarrollo de Curvas de Daño y de Umbrales. Es importante también caracterizar la relación que existe entre
producción de los cultivos y el grado de daño provocado por los HOFIR, es decir,
la llamada Curva de Respuesta Generalizada o Curva de Daño. La generación de
Curvas de Daño para diferentes HOFIR en sus hospedantes económicamente más
importantes, permitirá obtener umbrales de advertencia, umbrales de acción y
umbrales económicos que permitirán a su vez modular el uso excesivo e
inadecuado de pesticidas.
CONCLUCIONES:
Hongos fitopatógenos edáficos más importantes por su incidencia,
severidad
y pérdidas económicas que ocasionan en los agroecosistemas de las
regiones
subtropicales y tropicales, con especial énfasis en México: Phytophthora
spp,
Pythium spp, Rhizoctonia sp, Fusarium
spp, Macrophomina sp, Verticillium spp,
Sclerotium spp, Sclerotinia spp,
Phymatotrichum sp, Rosellinia sp y Armillaria
spp. El Cuadro 1 resume algunas características de las especies
más
importantes de cada uno de los once géneros de HOFIR seleccionados, su
distribución mundial, y el número de especies de plantas que han sido
reportadas como hospedantes. De estas especies, se puede decir que
Phytophthora cinnamomi es sobre la cual se
ha realizado mayor trabajo de
investigación (biología, ecología, epidemiología y manejo),
probablemente por
ser un patógeno que ataca a más de 900 especies botánicas y estar
ampliamente
distribuído en todo el mundo (Zetnmyer 1980, Erwin et al. 1983).
a) En México el estudio de los HOFIR ha sido enfocado hasta ahora de una
manera reduccionista, por lo que es necesario realizar estudios
espaciotemporales
a largo plazo bajo un enfoque ecológico y epidemiológico tanto a
nivel poblacional como a nivel de la comunidad, en ecosistemas naturales
y
agroecosistemas.
b) Estos estudios deberán estar encaminados a proponer estrategias y
programas de manejo en los agroecosistemas, que promuevan en forma
general el enriquecimiento del suelo y de manera particular el
incremento y
mantenimiento de la biodiversidad edáfica.
c) El manejo sustentable del suelo requiere de la regularización y
normatividad
del uso del suelo agrícola, de tal manera que se permita su descanso,
recuperación y enriquecimiento, y de ser necesario deberán establecerse
suelos cuarentenados hasta su recuperación en el caso de los suelos
fuertemente
alterados.
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